Esta creación literaria parte de la premisa de la soledad como una herramienta motivadora: solos venimos al mundo y solos nos vamos, solos estamos con nuestros pensamientos, y sólo con ellos somos cuerpos y mentes desnudas, no hay mentiras ni falsedades. Toda lectura supone un riesgo, y toda escritura también; escribir supone un acto de amor, de entrega; despliegue de sensaciones y emociones que seducen y subyugan provocando fantasías que se multiplican en la inagotabilidad del lenguaje.
miércoles, 27 de julio de 2016
Nos desnudamos por única vez aquella noche lluviosa. Fue febril. Solamente queríamos vernos, encontrarnos, despejar dudas, despellejarnos de las ropas que no nos permitían acercarnos. El primer contacto fue torpe, esquivo a las sensaciones de la piel y de los besos. Nos fuimos soltando de a poco, muy de a poco: le susurré algunas cosas al oído, ella sonrió levemente. Ella iba recorriendo mi espalda, contando mis vértebras, subía con sus manos hasta el cuello y descendía hasta mis muslos. Cómo no recordarlo. Nuestros ojos se encontraron muchas veces, brillosos, buscando la forma intempestiva de decir lo que no podían expresar las palabras. Para qué hablar. Nos entregamos al placer de reconocernos, de vernos tal cual éramos, sin tapujos. Nada de poses, sólo el acto. La habitación se iba llenando de sonidos, de música que provenía de nosotros mismos, del aroma de nuestra piel. Ella me dijo que así le gustaba, que siguiera, que un poco más a la derecha, más arriba o más abajo, me cuesta concentrarme. Entre sus piernas estaba el mundo, allí estaba yo para descubrirlo y poseerlo, no a la fuerza sino por un acto voluntario de pasión. Ella me pidió que la tratara suavemente, y yo así lo hice. Eso fue todo. https://www.youtube.com/watch?v=c7s_rmhCrB8
El amor es un GIT
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