Esta creación literaria parte de la premisa de la soledad como una herramienta motivadora: solos venimos al mundo y solos nos vamos, solos estamos con nuestros pensamientos, y sólo con ellos somos cuerpos y mentes desnudas, no hay mentiras ni falsedades. Toda lectura supone un riesgo, y toda escritura también; escribir supone un acto de amor, de entrega; despliegue de sensaciones y emociones que seducen y subyugan provocando fantasías que se multiplican en la inagotabilidad del lenguaje.
Montevideo, tu río baña mi melancolía sureña que mira siempre al infinito. El recuerdo me acompaña por la calle bajo la llovizna intermitente, fugaz Del otoño que te cubre la vergüenza con hojas secas, descubriendo los cuerpos sufrientes de los árboles de las avenidas. Montevideo, recorro tus calles pateando piedras siempre con la mirada baja, taciturna, perdida. Tus aguas cubren mi cuerpo caliente en el verano me sumerjo en tu corazón grande como el mar donde se reflejan airosas las estrellas y me apunta con su dedo la Cruz del Sur. Montevideo, yo te vi de -seo- so de la sonrisa alegre de los niños de la cuadra, de los viejitos que sentados en la plaza alimentan las palomas. Montevideo querido, tus calles surcadas por cascos y también por lágrimas de gente sufriente. Las gaviotas te saludan, elevándose hacia el cielo, al cielo de Montevideo que parece bajar de vez en cuando y a veces te desprecio, a veces te quiero.
Melancolía que viene del sur
ResponderEliminarMontevideo, tu río baña mi melancolía sureña
que mira siempre al infinito.
El recuerdo me acompaña por la calle
bajo la llovizna intermitente,
fugaz
Del otoño que te cubre la vergüenza
con hojas secas, descubriendo los cuerpos sufrientes de los árboles de las avenidas.
Montevideo, recorro tus calles pateando piedras
siempre con la mirada baja, taciturna, perdida.
Tus aguas cubren mi cuerpo caliente en el verano
me sumerjo en tu corazón grande como el mar
donde se reflejan airosas las estrellas y me apunta con su dedo la Cruz del Sur.
Montevideo, yo te vi de -seo- so de la sonrisa alegre
de los niños de la cuadra, de los viejitos que sentados en la plaza alimentan las palomas.
Montevideo querido, tus calles surcadas por cascos y también por lágrimas
de gente sufriente.
Las gaviotas te saludan, elevándose hacia el cielo, al cielo de Montevideo
que parece bajar de vez en cuando
y a veces te desprecio, a veces te quiero.